Exijo ser un héroe
(o el silencio de los inocentes)

por Roberto Contreras

Confesiones de un torturador.
Nancy Guzmán, Romo
Santiago, Planeta,
2000.
232 páginas.



NANCY GUZMÁN (1953) recoge en su libro, Romo: Confesiones de un torturador, las dos sesiones de entrevistas concedidas por Romo a mediados de los noventa en la ex Penitenciaria de Santiago. Una de ellas sería transmitida por la cadena de noticias Univisión en mayo de 1995, levantando una serie de reacciones de rechazo y condena a nivel mundial, pero en Chile apenas un reducido y censurable escándalo, cubierto por declaraciones del gobierno y la oposición, tanto o más objetables que la suerte corrida más tarde por el "libro negro" de Alejandra Matus, donde editores detenidos y la autora en fuga, sellarían un intento por develar las sombrías páginas de nuestra historia reciente: judicial, política, social. El libro acusa ese contexto, justificando la urgencia que tiene esta Verdad hoy en día. (Matus, juicio a Pinochet, libertad y nuevo arresto de Romo).

Guzmán cuenta la motivación que tuvo de buscar un homólogo en las filas militares chilenas de aquel ex oficial argentino, Adolfo Fco. Scilingo, quien declarara la forma en que actuó la Armada, ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada Argentina) en la desaparición de personas en la dictadura transandina. Romo, al igual que Scilingo, dice Guzmán, "era el único detenido por violaciones a los derechos humanos, estaba abandonado y sometido a juicio por cumplir órdenes", pero sin rango militar, un civil cualquiera que debíamos escuchar.

Ceñida a la noción "referencial" propia de la investigación, el relato de Romo se funde con las notas y la documentación recopilada por la autora, basándose en testimonios, entrevistas y antecedentes del Informe Rettig y los Archivos de la Vicaría de la Solidaridad. Un texto empeñado en sustentar cada hecho, con nombres, lugares y marcas que individualicen lo ocurrido, con la subjetividad e impronta de quien acota y enfatiza los hitos más representativos. Sin embargo, la transcripción parcelada de las declaraciones del entrevistado resultan insuficientes e impertinentes dado el emblemático protagonismo que Guzmán no intenta desmentir ni desperfilar, sino más bien terminar ratificándole, haciendo de su trabajo una doble operación, un feed back textual, donde se debate el exceso de Romo y la complacencia de Guzmán –por llamarla de alguna manera– al conseguir su objetivo: la "supuesta" confesión de Romo. Se lee lo que se esperaba leer.

Para nadie es un secreto que Romo es un torturador. Tal vez uno de los más crueles. Y es en esa redefinición donde el libro pierde consistencia. Al inducirnos confirmar el título Confesiones... Pretensión que anticipa la lectura de una revisión de culpas, la expiación o redención de un agente. Pero no, ante las preguntas, Romo jamás reconoce y se arrepiente de algo, sólo ratifica y autoproclama mayor eficiencia en el desempeño de sus labores. Eso como todo gesto, porque no sabe el paradero de nadie y a pesar de conocer a muchas de las víctimas que pasaron por sus manos (sospechosa memoria fisonómica la de Romo) termina reconociendo que sólo participó en sus pesquisas. Soplonaje, golpes, balas y balas menos. Haciendo que ese anunciado rasgo confesional, en términos de contrición, se pierda definitivamente. Avalando, tal vez, sólo su absoluta vigencia y permanencia como un sujeto histórico, justificando su título original: Romo. El pasado en presente (Premio Planeta Investigación Periodística).

De esta manera, mientras la reconstrucción documental (el verdadero valor del texto) aparece y desaparece fracturada por la irrupción del cuestionario de Guzmán, queda la sensación de transitar entre dos formatos. Dos lecturas posibles: 1) el relato desquiciado, orgulloso y servil de Romo: "La parrilla es un somiel metálico donde se les pone desnudos, una pata p’allá y otra p’acá, un brazo p’allá y otro p’acá, se les amarra y se les ponen perritos en la vagina, en los pezones, en la boca y en los oídos y se les da vuelta a la máquina, se les moja un poquito pa que sea más fuerte el primer golpe y hablen rápido". 2) el compendio de las declaraciones y testimonios de los procesados y familiares de las víctimas. O el extracto de los manuales elaborados por la CIA, supuestamente conocidos por los servicios de inteligencia locales, donde se detalla cómo opera la tortura, Human Resource Explotation Training Manual (1983); Kubark Counterintelligence Interrogation (1963).

Imposible creer que un libro así no contribuya a esclarecer, en palabras de la autora, "uno de los más tenebrosos capítulos de nuestra historia". Pero también cabe preguntarse de qué manera esa verdad, construida en boca de un sujeto como Osvaldo Romo, pueda servir de testimonio con la marcada saña (la del torturador) y el abierto desprecio que Guzmán consigue concitar por él en sus páginas. A eso me refería cuando hablaba del título. El consenso de una verdad sabida de sobra, propia de nuestro país y su eufemística justicia, en donde finalmente se legitima a individuos como Romo, sindicándolos de locos, abusivos y autónomos. Contextualizándolos. "Chivos expiatorios" que terminan por (en)cubrir tanta evidencia, silenciando a los cansados de denunciar siempre lo mismo. La culpa de todos los que de seguro verán otro libro de editorial Planeta, como muchas de sus colecciones, "pirateado" en la vereda por donde pasan. Confirmando las ganas y necesidad que existen de leer la verdad de Romo (el megalómano, misógino y mitómano). Otro best seller de la dictadura que enmarque el informe de la "mesa de diálogo" y las indagatorias que van y vienen. Lo fresco de un tema viejo: compatriotas arrojados al mar, a ríos y hasta a volcanes.

Una ofensiva tragicómica cuando nadie quiere asumir, reconocer o confesar. Uno escudado en enfermedades seniles y demencia, mientras otro todavía servil y traicionado vocifera: "A mí me acusan de todo porque los que de verdad hicieron todas esas cosas son intocables. Yo estoy pagando las culpas de todos y lo único que hice fue cumplir con mi deber".

Roberto Contreras
rbcontreras@hotmail.com