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Diario
de una perfecta señora moderna
por Francisca
Lange
Retrato
en sepia.
Isabel
Allende
Santiago, Sudamericana
2000.
344 páginas.
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AURORA
DEL VALLE, PROTAGONISTA de esta historia, es una fotógrafa
que en 1921 tiene treinta años y está ocupada de encontrarse
a sí misma, después de un apabullante fracaso amoroso,
recomponiendo su fragmentada historia personal gracias al re- encuentro
con sus abuelas, Paulina del Valle y Eliza Sommers, además
del recuerdo ancestral de Tao Chi’en, el abuelo materno.
Si
a este núcleo básico le agregamos largas descripciones
sobre una desarrollada California y la bárbara naturaleza
chilena, el relato de dos guerras, la del Pacífico y la Civil
de 1891, y la ambivalente voz femenina de una chica frágil
que descubre sus fortalezas emocionales y sexuales en la medida
que habla de las aguerridas féminas que la rodean, tenemos
entonces la nueva historia de "La escritora más leída
de Latinoamérica ", nuestra célebre Isabel Allende.
Resulta
casi imposible hablar de este libro sin pensar en los otros textos
de la autora, especialmente La casa de los espíritus,
De amor y de sombra e Hija de la Fortuna. Tanto en
éstos como en el que comento, se toman ciertos hechos históricos
(golpe militar, ejecutados de Lonquén, las guerras ya señaladas,
la fiebre de oro de California), sobre los cuales se estructura
lo contado, combinando caracteres femeninos heróicos con
otros más apagados que dan cuenta de mujeres emancipadas,
generalmente acomodadas y atípicas a su época.
Retrato
en Sepia sucumbe a la reiteración del esquema, en el
cual una serie de datos interesantes como la vida del inmigrante,
algunas luces sobre la hacienda chilena, la lucha por el voto femenino
o la ausencia de divorcio son circunstanciales a la necesidad dispar
por hablar ya sea de injusticias sociales o bien de liberación
femenina.
Si
la señora Allende defiende la loable, y a ratos inocente,
intención de llegar al mayor público posible para
seguir ‘contribuyendo a la belleza del mundo’, y de paso dar cuenta
de una historia impresionista y antojadiza, es este un asunto tan
personal como discutible, en este sentido hasta puede agradecérsele
su sensibilidad social y política que la hacen masiva a todos
los estratos, la ausencia del minimalismo tan en boga, su indiscutido
talento narrativo, buen humor e imaginación, cualidades que
la ponen sobre otras super ventas definitivamente desechables como
Marcela Serrano. El problema es cuando tanta buena intención
se refugia en una serie de excesos escriturales que atascan esta
novela en el híbrido de una experiencia ‘mágica’ de
la cual no puede decirse mucho más que lo eternas que resultan
las descripciones de espacios y vivencias de personajes sin voz.
Esta eternidad se realza por la reiteración de lugares comunes
sobre la libertad y sus demonios, sobre la belleza y el amor; de
aquí no es difícil imaginar cuán maqueteados
y prototípicos resultan los personajes y por ende cuán
vacíos.
Los
supuestos ideológicos que maneja el libro no salen del conocimiento
anecdótico de la simpática e ignorante periodista
de la Paula de los setenta, que la acercan a algunas rebeldes
y pésimas escritoras de fines de siglo como Iris o
Wills Montt: se propone la construcción de una trilogía
de ‘novelas históricas’ y lo que tenemos son textos donde
ésta se cuenta de a oídas, entremedio de una majamama
de datos que intentan configurar algunos sujetos históricos
(como el hacendado o el aristócrata) casi por accidente.
De la investigación que propone la autora no hay luces, como
tampoco punto de vista, como si de pronto no existiesen profundas
diferencias y posturas respecto a la formación y el desarrollo
de la nación chilena por sobre la escolar anécdota
entre parlamentaristas y presidencialistas; es curioso que alguien
que dice haber leído algo más que un par de libros
por mes pretenda un género complejo en su evolución
desde La araucana hasta una magistral Ley del gallinero.
Bastante
agua bajo el puente ha pasado desde que en 1939 se conquistara el
primer sufragio femenino nacional, De Beauvoir escribiese El
segundo sexo, las amas de casa chilenas obtuviesen su propio
dinero y las americanas escribiesen acerca de la mujer, el negro
y el gay: en Retrato en Sepia la mujer más inteligente
desaparece por fea y pobre; la que más ha estudiado utiliza
los conocimientos adquiridos a hurtadillas para concretar fantasías
eróticas y llenarse de niños (a cargo de las nannys);
la más fuerte se enriquece gracias a su instintiva habilidad
comercial y aquella que escribe el libro, se expande cansinamente
desde y sobre una escritura espiritualista e instintiva como si
lo privado fuese el único valor femenino y ponerlo en práctica
la única manera de (el dudoso) hablar ‘desde la mujer’, en
fin, como si esto fuese un diario de vida de las muchas vidas de
una lectora hembra que puja por permanecer y revalidar lo sensible
versus lo racional, desconociendo, entre otras cosas, todo posible
valor estético en la escritura.
Francisca
Lange Valdés
franciscalange@hotmail.com
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